El lugar correcto

El lugar correcto.

“Una vida enfocada”

Recientemente escuché que para la mayoría, la vida cristiana es de altas y bajas, a veces vivimos en victoria y con mucho gozo y a veces vivimos en prueba y con aflicción.

Esto hizo ruido en mi mente ya que no pareciera ser correcto que hayan “bajas” en la vida de un cristiano hasta que entonces medite en el libro de salmos, éstos son cantos escritos por hombres que alababan a Dios por las diferentes circunstancias de sus vidas cotidianas, las cuales se narran dentro los mismos, y al pensar en el tema de las altas y las bajas encontré que no era algo muy distinto a la realidad aún en los hombres de la Biblia, por ejemplo el salmo 26 del versículo del 1 al 6, David escribe:

Declárame inocente, oh Señor,    porque he actuado con integridad;    he confiado en el Señor sin vacilar.    Ponme a prueba, Señor, e interrógame;    examina mis intenciones y mi corazón.    Pues siempre estoy consciente de tu amor inagotable,    y he vivido de acuerdo con tu verdad.

Este versículo anterior me llamó mucho la atención por las declaraciones de pureza e integridad que el salmista escribe, podríamos darnos cuenta que David en ese momento estaba viviendo en una etapa “alta” de su vida, sin embargo mientras continuaba leyendo los salmos encontré el salmo 38 del versículo 3 al 5:

Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira;   Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.

Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza;   Como carga pesada se han agravado sobre mí.

Hieden y supuran mis llagas,   A causa de mi locura.

Al leer los versículos anteriores, podemos darnos cuenta que parece ser completamente lo opuesto al salmo mencionado al principio. El mismo Rey David, quien acababa de declarar su vida de integridad, ahora está hablando de la cantidad de pecados que ahora lo están consumiendo y le hacen sentir una carga y aflicción, podríamos decir que este hombre está viviendo ahora en una etapa “baja”.

Muchos de nosotros nos hemos encontrado en ese estado, a veces nos encontramos en victoria, sentimos que nuestra relación con Dios no podría estar mejor y que esta vez ahora sí, será definitivo el caminar victorioso sin embargo tiempo después enfrentamos la realidad de que  pareciera que esa victoria ya no está presente en nuestra vida y estamos caminando derrotados, desanimados, confundidos y pensamos que hemos perdido nuestra relación con Dios (aclaro, no me refiero a vivir una vida de pecado).

Al hablar de todo esto, hablo de mi mismo, esa situación ha sido real en mi vida y no es algo de lo que este orgulloso ya que como cristianos aspiramos a vivir siempre en una vida de victoria al máximo sin embargo, me he podido dar cuenta de un patrón repetitivo en estas etapas de mi vida cristiana y es que en cada una de estas etapas, el Espíritu Santo siempre me regresa a mis rodillas.

Postrarnos, es el acto mas grande de adoración que un ser humano puede expresar ya que refleja humillación, reconocimiento, alabanza, dependencia y exaltación, y es ahí donde un cristiano debe de permanecer en todas las etapas de su vida.

Al continuar leyendo los salmos, vemos que en el salmo 40 del verso 1 al 3 David escribe:

Pacientemente esperé a Jehová,    Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso;    Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.

Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.

Verán esto muchos, y temerán,    Y confiarán en Jehová.

Podemos ver como la circunstancias de la vida de David continuaron a un momento de alabanza y adoración extravagante, una vez más, David regresó a sus rodillas.

Somos tan propensos a correr al orgullo cuando todo va bien, pensamos que nos merecemos todo lo que vivimos y lo atribuimos a Dios, pero pensando que estamos viviendo así porque Dios nos está recompensando por nuestras “obras” o “capacidades”, y así mismo, siempre tendemos a abrazar el desanimo y la condenación cuando no todo va bien en nuestra vida ya que pensamos que Dios no nos ama y que Él está enojado con nosotros ya que no hemos sido lo suficientemente “santos” y “perfectos” como sabemos que deberíamos.

Vivir en cualquiera de estos dos extremos es completamente destructivo y es por esto que debemos pedirle al Espíritu Santo de Dios que siempre nos lleve a nuestras rodillas, éste es el lugar correcto en donde debemos estar.

En nuestras rodillas es dónde reconocemos el Señorío de Cristo, es dónde podemos percibir Su amor y Su perdón, es ahí dónde nos damos cuenta que todo es de él, por él y para él, es dónde nos declaramos completamente dependientes de él y morimos a nuestro orgullo, es dónde nos damos cuenta lo frágiles que somos y lo necesitados que estamos de Su guianza y de Su presencia. En nuestras rodillas no hay lugar para nada mas que para Cristo siendo exaltado y reconocido como Dios en nuestras vidas.

Necesitamos vivir en nuestras rodillas frente a la cruz del calvario, dónde nunca perderemos el enfoque de nuestra vida cristiana.

Espíritu Santo, vuélvenos siempre a nuestras rodillas.

¡Amén!

Gualo Salinas.

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