5 cosas que el ministerio no debe.

Quiero escribir esta entrada con un profundo temor en el corazón, y a la vez con un fuerte deseo de que pueda ser usado por Dios para aquellos que lo necesitamos. Puedo decir que lo que estoy apunto de escribir, son cosas que Dios ha hablado a mi vida y han sido muy determinantes en mi caminar con Cristo y en el ministerio.

1 Timoteo 3:1 (Nueva Traducción Viviente) La siguiente declaración es digna de confianza: «Si alguno aspira a ocupar el cargo de anciano en la iglesia, desea una posición honorable».

El servicio en el ministerio, a la luz de la Biblia, es un gran privilegio y una posición honorable, el cual se desarrolla como consecuencia de la gracia y la misericordia de Dios, quien escoge a seres humanos imperfectos e incapaces, a quienes llama y capacita para llevar a cabo y dar continuidad al ministerio de Cristo Jesús (Romanos 16:3). 

 Una vez teniendo un encuentro con Cristo, el deseo de servirle y estar involucrado en Su obra es una reacción natural. A lo largo de muchos años, he sido testigo de que este deseo es algo que sucede muy a menudo. He podido conocer a muchas personas que seguido de su conversión se involucran en el servicio a Dios, algo que personalmente puedo entender, y de lo cual puedo identificarme, ya que yo mismo he vivido la misma pasión, sin embargo, a lo largo de los años, así como he podido ver como Dios llama y levanta a algunos en el ministerio, he podido ver también como el ministerio ha llegado a ser un fundamento o motivación incorrecta para algunos, que finalmente, trae consigo una muy mala caída.

Los que estamos involucrados de alguna manera en el ministerio, lo hemos visto repetidamente, y en lo personal, cada vez que veo como esto sucede, un sentimiento de tristeza y de temor invaden mi corazón, lo cual me ha llevado a buscar a Dios para tratar de entender por qué, es que muchas veces sucede esto, y me ha llevado a escribir las siguientes cinco motivaciones equivocadas que he podido encontrar como un patrón común en algunos que se han apartado (entendiendo que no son las únicas).

Los siguientes cinco puntos son las motivaciones incorrectas; las cosas que el ministerio no son; y las cosas que el ministerio no deben hacer en nuestras vidas:

1. El ministerio no debe ser una manera de pagarle a Dios.

Cuando entendemos que teníamos una gran deuda con Dios por todos nuestros pecados, y entendemos que Jesús murió como consecuencia de ellos, debemos entender también, que la muerte de Jesús no solo fue un sacrificio por el castigo, sino un pago por la deuda. Esto es a lo que la Biblia llama “Redención”. En Romanos 3.24, vemos que Jesús nos justificó (declaró justos), gratuitamente (para nosotros fue gratis), por su gracia mediante la redención. Quiere decir que nuestra justificación y salvación es gratis por medio del pago que Jesús ya hizo por nosotros. Así que no podemos pretender pagarle nada a Dios porque nunca será suficiente. Tratar de hacerlo hará que el ministerio sea movido por condenación, en lugar de amor y devoción, y al final, esto solo traerá insatisfacción, frustración y mucho activismo, ya que cuando las cosas no vayan bien en el ministerio, la persona sentirá que le ha fallado a Dios, que Dios está enojado y que necesita trabajar más, dirigiéndose así, hacia una fatiga y una amargura que terminarán de una manera fatal.

Lo que considero más peligroso aún, es que, en esta motivación, cuando todo va bien en el ministerio, la persona siente satisfacción, y cree estar bien con Dios sin darse cuenta de que está basando su cristianismo en sus obras y no en el sacrificio de Cristo. De la misma manera eventualmente vendrá la caída aunque será mas lento el proceso.

Cristo pagó el precio, nosotros solo debemos depositar nuestra fe, únicamente en Su obra redentora y confiar en Él para nuestro perdón y salvación. No son necesarias las obras, nuestros logros o lo que le podamos ofrecer a Dios. Nuestro servicio a Dios debe ser movido por amor y una pasión por ver su reino extenderse, no para pagarle a Dios, ya que esto dejaría de lado el sacrificio de Cristo.

2. El ministerio no debe definir tu identidad:

Vivimos en una cultura que compite por reconocimiento. Las personas quieren ser importantes, reconocidas y respetadas por sus capacidades y por sus logros. En 1 Juan 2:16 dice: “El orgullo de nuestros logros y posesiones” en la Nueva Traducción Viviente.

Dentro del cristianismo, muchas veces hemos caído en esa ideología adecuándola al llamado de Dios. Es común hablar de los: “hombres de Dios”, y de los “pastores que están en otro nivel”. Sin darnos cuenta, estamos haciendo lo mismo que la cultura nos ofrece al idealizar a cierto tipo de personas por su “llamado” o “ministerio”.

Algunos hemos notado que actualmente muchos que se convierten, instantáneamente quieren ser pastores de una iglesia muy grande y que tenga impacto a nivel mundial. En lo personal, creo que muchas veces sí puede ser un llamado genuino, pero creo que en otras, es la misma necesidad de sentirse importantes, respetados y famosos.

Como creyentes, necesitamos saber que nuestra identidad está en Cristo. La Biblia nos enseña que es a través del Amado (Cristo), que nosotros hemos sido aceptados por Dios. Así que para Dios, no importa si eres pastor o eres el que limpia los baños de la iglesia, ya que nuestro valor no lo define nuestro titulo, sino Cristo.

En 1 Corintios 8.8, Pablo le enseña a la iglesia que no era por su desempeño en la vida cristiana que eran “más aceptos” para Dios, esto lo escribe en un contexto de gente que se creía “más agradable” a Dios y “más espiritual” que otros de la iglesia.

Necesitamos saber esto: Nosotros no somos nuestro ministerio, nosotros somos lo que Cristo dice que somos.

El depender de identidad por el ministerio, hará que el que sirve se compare todo el tiempo con otros ministerios y con otros ministros provocando así, una interminable competencia por querer sobresalir. Después, eventualmente la envidia, la amargura y la enemistad brotarán en el corazón. Esta persona se volverá celosa y muy rencillosa con las demás iglesias, expresando criticas hacia la iglesia y finalmente será una persona que se vuelve una “caza herejías o caza fallas”, de otras iglesias, no movida por un celo de la sana doctrina sino por un miedo a que alguien más “sobresalga”.

La realidad es que una persona que define su identidad en el ministerio siempre será una persona que menguará en fe ya que siempre verá todas las cosas que no tiene como otros ministerios “exitosos”, lo cual le harán sentir que no puede alcanzar el “éxito”, y lo que considero aún peor, es que cuando todo vaya bien en su ministerio, menospreciará a las otras iglesias y dejará de depender de la gracia de Dios ya que tendrá un sentimiento de satisfacción propia.

Quiero concluir este punto diciendo que ser “Pastor”; o “Maestro”; o “Teólogo”, no habla de estar en cierto “Nivel”, sino habla de estar en una “Función” dentro de la iglesia. La realidad es que los pastores, a los ojos de Dios no son “mejores” o “más capaces” que otros, sino tienen una función y una responsabilidad específica concedida por Dios, solo por gracia.

3. El ministerio no debe ser tu motor de santidad y compromiso.

Muchas veces hemos escuchado a algunos que buscando consejo, son aconsejados: “Involúcrate en el ministerio porque si no, es probable que te sea más fácil pecar”.

En un sentido, este consejo tiene cierta razón al elevar nuestro cristianismo a un compromiso más solido, sin embargo, la realidad es que muchos basan su compromiso a Dios y su consagración (santidad) de acuerdo al grado de actividad y responsabilidad que tengan en un ministerio.

Esto se refleja de la siguiente manera: cuando una persona se entera que tiene una participación de mucha responsabilidad en la iglesia, se compromete a un tiempo devoto de oración, búsqueda de Dios y de resistir al pecado, pero cuando no hay una participación de mucha responsabilidad en la iglesia, la oración y la búsqueda de Dios es muy baja.

El problema de basar nuestra relación y compromiso con Dios por el ministerio hará que cuando las cosas no van bien en el ministerio la persona caiga instantáneamente en pecado, ya que ya no hay razón para mantenerse firme y finalmente se aparte de Dios.

Pero lo que creo peor aún, es que para esta persona, cuando las cosas vayan bien en el ministerio, vivirá en un cristianismo religioso semejante al de los fariseos. Ellos procuraban verse bien delante de las personas aparentando ser muy “devotos”, muy “radicales” y muy “espirituales”, pero Jesús los reprendió por ser “sepulcros blanqueados”, por afuera se veían bien pero por dentro estaban llenos de muerte.

La persona que depende del ministerio para consagrarse a Dios, cuando tenga un tiempo de “éxito” en su servicio, vivirá en un cristianismo superficial, ya que todo va bien en la iglesia pero sin darse cuenta, lentamente la persona perderá su relación con Dios lo cual, eventualmente provocará la renuncia de la lucha contra el pecado y cuando esto provoque que la persona tenga una caída en pecado, en lugar de confesarlo, arrepentirse, y volver a Dios, no sentirá la necesidad de arrepentimiento ya que, pues, todo va bien ¿no es así? (sarcasmo). El peligro más grande de todos, es que Jesús nunca estuvo de acuerdo con los fariseos, Él nos llamó a ser genuinos y fieles seguidores de Su persona, no de Su obra.

No dependemos del ministerio para estar comprometidos con Jesús.

4. El ministerio no debe quitarte tu relación con Dios.

Muchos sin darnos cuenta hemos estado en este error. Esto sucede porque es una linea muy delgada y correcta, lo cual hace que darnos cuenta se vuelva muy difícil, esto es sutil.

Cuando estamos involucrados en el ministerio, entendemos que necesitamos leer y estudiar la Biblia para compartir y enseñar lo que Dios nos ha estado hablando. También entendemos que necesitamos orar por el ministerio ya que es Dios quien debe edificar la obra y finalmente, para servir a Dios se requiere trabajo, fuerza y tiempo.

De una manera paralela, encontramos que para tener una relación con Dios necesitamos leer y estudiar la Biblia para recibir y escuchar lo que Dios nos quiere hablar. También necesitamos tener tiempos de oración en donde sabemos que nos comunicamos con Dios, y finalmente para estar con Dios se requiere tener tiempo con Él.

Como puedes ver las dos son muy similares, por esto es complicado identificar este punto sin embargo, lo que nos va a hacer saber si el ministerio nos está quitando nuestra relación con Dios, es cuando analizamos nuestros tiempos con Dios. Es cuando te das cuenta que por lo único que lees tu Biblia es para enseñar a otros en el ministerio, que cuando oras, es para que Dios obre en el ministerio y que finalmente te das cuenta todo tu tiempo se va en el ministerio y no en tiempos individuales con Dios.

Esto hará que la persona que se encuentre en esta situación, comience a perder la pasión y el amor por Jesús. En Apocalipsis 2, encontramos que la Iglesia de Éfeso, era una iglesia que trabajaba, que estaba comprometida, que conocía la Escritura y desmentía a los falsos apóstoles, sin embargo, a pesar de ser una iglesia con buenas disciplinas, habían sustituido su amor de corazón por amor a la información.

Dios los reprende por no amarlo, por haber dejado (intencionalmente) su primer amor, a pesar de que ésta era una iglesia con sana doctrina, con mucho trabajo y con mucho compromiso.

Finalmente, Éfeso dejó de ser ya que nunca volvió a tener ese amor y esa pasión que finalmente debe de ser centrada solo en Jesús.

5. El ministerio no debe ser un calificador de espiritualidad.

Hay un error que se comete comúnmente dentro de aquellos que estamos en el ministerio, y es el calificar la “espiritualidad” de  las personas o de nosotros mismos de acuerdo al compromiso, el éxito o al qué tan “involucrados” estamos en el ministerio.

La realidad es que después de haber visto los cuatro puntos anteriores, necesitamos entender que no porque alguien esté en el ministerio quiere decir que es muy “espiritual” o muy “devoto” a Dios, y a la vez, el hecho de que alguien no esté en el ministerio implique que éste no lo sea.

Hay que entender que no necesitamos el ministerio para ser seguidores de Cristo, ni para tener una relación con Dios. El ministerio es una expresión externa de nuestro compromiso a Dios, que solo debe ser movido por amor y por compromiso a Él.

Una persona que califica a través del ministerio, será una persona que siempre tendrá la tendencia a aprobar o descalificar a las personas basadas en su “nivel” de compromiso en el ministerio. Será una persona que cuando vea a alguien que tiene muchos ministerios, creerá que ésta es muy espiritual y muy cercana a Dios, pero que cuando una persona no está involucrada en el ministerio, ésta no está bien, se está apartando de Dios y de seguro está en pecado.

Este problema es la suma de todos los cuatro puntos anteriores. Que alguien califique la espiritualidad por medio del ministerio es alguien que vive por sus obras, que basa su identidad en el ministerio, que depende del ministerio para tener un buen “cristianismo” y que finalmente, vive sin una relación con Dios ya que el ministerio, no es Dios.

2 comentarios en “5 cosas que el ministerio no debe.

  1. Primo, realmente los 5 puntos, que el espiritu santo, toco contigo, son la mera realidad en el ministerio, gracias por compartir, y que el Señor te siga usando de gran manera, un a fuerte abrazo.

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  2. Muy bueno e interesante. Pude notar ideas que tenia. “Que el ministerio no sea tu identidad.” Fue muy power. Muchas bendiciones Gualo!

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